Recuerdo que de niño siempre decía que iba a montar un negocio o empresa de algo. No sabía de qué, pero tenía claro una cosa:
No pienso trabajar para nadie
Crecí. El tiempo pasó, y llegó el momento de escoger carrera. Yo seguía en mis trece.
Mi madre siempre me decía que tenía que conseguir un buen puesto en una empresa e ir ascendiendo desde ahí.
Estudié una ingeniería.
Durante la carrera recuerdo siempre escuchar a los compañeros hablando de que al acabar querían ver si los contrataba tal o cual empresa. Empresas grandes y muchas veces multinacionales.
Yo seguía sin entenderlo.
Sabía que coger experiencia primero en el mundo laboral trabajando para otros podía ser importante.
Pero tenía claro, que no iba a tener 40 o 50 años e iba a seguir trabajando para alguien.
Sé que para mi madre y gente cercana estos comentarios míos podían ser entendidos como una prepotencia quizás. Un escupir hacia arriba.
Sin embargo, para mí pensar así era lo más natural del mundo.
Lo otro, lo usual, el trabajar para una empresa, no me acababa de encajar simplemente.
Prácticas, elecciones y primeras decisiones
El tiempo siguió pasando.
En la carrera haces prácticas de empresas obligatorias. Te dan la opción que sea en una empresa del sector o en un centro de investigación.
¿Imaginas que escogí yo, no?
Obviamente, el centro de investigación.
Alguien podría pensar:
Pero al final si has estudiado una ingeniería, ¿lo lógico es que trabajes para alguien, no?
¿Si no para qué lo estudiaste?
Pues mis compañeros opinaban así también.
Y yo les decía: ¿Y si lo que quieres son esos conocimientos técnicos, esa forma de amueblarte la cabeza para resolver problemas y gestionar que te da una ingeniería, pero lo que quieres es montar tú algo?
Y me decían: Sí, claro también… (mientras ponían cara de no entender mi razonamiento)
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Primer máster descartado, robots y la espinita de emprender
Tras la carrera, había la opción de hacer una continuación de estudios, mediante un máster de dos años habilitante de mis estudios.
Este máster te daba la titulación superior de ingeniería y la capacidad de firmar proyectos.
Tras acabar la carrera no tenía ganas de estudiar más y busqué trabajo.
Y adivina dónde encontré otra vez:
En un centro de investigación de robots autónomos.
Tras un tiempo ahí. Mi mentalidad seguía siendo la misma: Ganar conocimientos, hacer las cosas bien y montar yo algo.
Cada vez que lo comentaba con un compañero me miraba medio con lástima, sin entenderlo del todo bien.
No hay que ser un hacha para darse cuenta que en este país el emprendimiento está bastante demonizado.
Si triunfas eres un explotador que consiguió lo que tiene empobreciendo a otros y aprovechándose del sistema.
Si fracasas, te ponen el pie en el cuello y te recuerdan por siempre como aquel que montó una empresa de tal y se hundió.
Una sugerencia, una inspiración
Un amigo me dijo en un ocasión tomando un café que por qué no aprovechaba que podía firmar proyectos de instalaciones y diseñar naves industriales y tirar por ahí como autónomo.
Lo que me decía me sonaba bien.
Había tenido un profesor que era promotor y además era el ingeniero proyectista de sus propias obras.
El 80% de las naves industriales de los polígonos cercanos a la ciudad donde estudiaba los había hecho él.
Basta decir que este hombre en su casa tenía un helipuerto y una pista de tenis.
El tipo era un cachondo mental total y nos contaba unas anécdotas muy locas.
Recuerdo que media clase lo odiaba. Para mí era una referencia.
Cando decía que lo mejor era ejercer el ejercicio libre de la profesión, la estirada que sacaba solo dieces y sus amigas ponían cara de asco y entornaban los ojos.
Claramente esto chocaba con la visión que mis compañeros tenían de que el ingeniero tenía que ser siempre un trabajador, un empleado de alguien.
Volver al máster, y combinar IA con construcción
Esta idea empezó a coger cada vez más fuerza en mi cabeza pero había un problema.
Para poder firmar proyectos tenía que hacerme el máster habilitante que había renunciado a hacer al finalizar la carrera.
Yo quería montar algo en mi sector.
Sin embargo estaba metido en un tema de robots e IA y del tema de construcción no tenía ni idea en la práctica.
En realidad llevaba mamando obras desde pequeño porque mi padre y mi abuelo se dedicaban a esto.
Sin embargo, desde la crisis del 2008 mi padre no construía nada y yo había enfocado mi camino hacia las nuevas tecnologías.
Me encanta programar y aprendí a diseñar redes neuronales por mi cuenta cuando todo el tema de IAs generativas estaba en pañales.
Bueno, el saber no ocupa espacio, pensé.
Me inscribí al máster.
Un puesto inesperado como científico de datos
El primer año del máster (tenía una duración de 2 años) seguí trabajando donde estaba.
En el segundo año con el proyecto de fin de máster y competiciones (estaba en un club de halterofilia), sentí que no me daba la vida para más y decidí enfocarme en acabar mis estudios.
Finalmente, en la recta final de la maestría, me busqué un trabajo en un tema que pidieran programación, IA o datos.
Mi idea era no trabajar hasta acabar el máster como dije, pero me quedé sin dinero antes de lo que pensaba y el alquiler no se pagaba solo.
Recuerdo que en el filtro de búsqueda puse que fuera teletrabajo, más que nada porque así no me obligaba a desplazarme y tenía ganas de probar esta modalidad de trabajo.
Al aplicar este filtro, las ofertas disponibles se redujeron a cuatro.
De aquella los puestos con teletrabajo eran muy raros y solían ofrecerlo pero de forma parcial o híbrida.
Había un puesto de científico de datos. (no sabía ni qué era eso) Pero era 100% teletrabajo.
Le eché el currículum como quien no sabe de qué va la cosa. A ver si suena la flauta.
Me respondieron dos días después para hacer entrevista. La hice, me citaron otro día para hacer una entrevista técnica y la pasé.
Empecé a trabajar allí y estuve unos 3 años.
La espinita seguía: tengo que montar yo algo
En ese tiempo hice amistad con varios compañeros pese a que solo nos veíamos de vez en cuando físicamente.
El trabajo era totalmente telemático y solo les veía el careto por videollamada.
Durante todo ese tiempo, siguió dando vueltas en mí la eterna duda.
Tengo que montar yo algo.
Al principio estuve dándole muchas vueltas.
Buscaba ideas en internet y veía vídeos de YouTube de cómo montar un negocio online, etc.
Al final ninguno me acababa de convencer. Siempre acababa sufriendo parálisis por análisis.
Poco a poco, en la televisión y los medios, un mensaje comenzaba a repetirse por todos lados: Todo se ha puesto carísimo. La inflación está disparada.
Con el tiempo, este mensaje fue enfocándose hacia la vivienda.
La chispa: hablar con mi padre
Yo había vivido en primera mano cómo el precio del alquiler había subido delante de mis narices mientras buscaba piso para vivir con mi chica.
Aprovechando las ventajas que te ofrece el teletrabajo a nivel de poder desplazarte, probamos buscar piso en alguna ciudad de España.
Al final encontramos en Gijón, Asturias.
Una ciudad que me encanta y donde los precios del alquiler eran asumibles.
Viviendo en Gijón, continué dándole vueltas en segundo plano a lo mismo, para no variar.
Soy muy cansino, es lo que hay. Cuando tengo un tema en la cabeza no paro de pensar en él.
En un festivo nacional, volvimos unos días a la casa de mi padres.
Hablando con mi padre de la vida, le pregunté cómo iba con el tema obras porque parecía que había un problema de vivienda. Eso decían en las noticias.
Él me confesó que gracias a ahorros y alquileres de su época de vacas gordas quería hacer unas promociones que habían quedado en stand by desde la crisis del 2008.
En un caso la estructura estaba levantada y en otros, estaba el terreno comprado con proyectos y licencias pero no se había hecho nada.
Quería hacer unos nuevos proyectos actualizados y construir ahí.
Según íbamos hablando un gusanillo crecía en mí.
¿Por qué todo esto que me está contando me suena tan atractivo?
El salto: dejar la empresa de datos
Me di cuenta que yo, un fan de la ciencia ficción, siempre había tirado hacia nuevas tecnologías y nunca había prestado mucha atención a lo que mi viejo hacía.
Sin embargo, ya desde la carrera, las asignaturas que más me gustaron tenían que ver con cálculos de estructuras e instalaciones.
Además de obviamente las relacionadas con electrónica, programación y demás.
Hablando con él me di cuenta de que ambos nos encontrábamos en un momento común.
Él quería poner en marcha varios proyectos inmobiliarios y yo quería aprender de este sector.
Como yo seguía trabajando en la empresa de ciencia de datos. Decidí simultanear ambas cosas a la vez.
Así estuve más de medio año.
En un momento dado me quedó una cosa clara: No podía empaparme correctamente de este mundo y este sector si estaba a dos cosas que no tenían nada que ver y si además me encontraba viviendo en otra ciudad distinta a donde se desarrollaba la actividad de la promotora.
Llegó el momento de decidir, y confiando en mi instinto, decidí volver a mi ciudad natal para aprender más de cerca todo lo relacionado con el negocio y el sector.
Una reunión inesperada y una decisión final
Durante ese tiempo, continuaba trabajando en la empresa de ciencia de datos.
Por suerte o por desgracia. Tras unas vacaciones de verano en México.
Justo el día que estaba volviendo, la empresa nos juntó a todos los empleados en una reunión.
Era primeros de octubre. Y la nómina de septiembre no la habían pagado todavía.
La nómina me la ingresaban siempre a final de mes, sobre el día 27 y solían ser muy puntuales.
Nos reunieron a todos en una reunión online y nos dijeron que habían tenido un problema de caja y no iban a poder pagar la nómina de este mes.
El asunto de los pagos de nóminas atrasados continuó también durante el mes siguiente (octubre).
La situación se fue haciendo cada vez más insostenible y finalmente pacté con la empresa una salida con las cantidades adeudadas.
Durante el mes de noviembre, descontento con la poca seriedad de los directivos de la empresa para decir cuándo se iba a pagar o qué estaba pasando, me cogí todas las vacaciones que me quedaban.
Mientras que se gestionaba la salida de la empresa, me enfoqué solo en la construcción.
El presente: una promotora familiar en marcha
Debo añadir que no sé estar quieto. Si no hago algo y ocupo la cabeza con alguna cosa, exploto.
En ese tiempo dedicándome a tiempo completo a ayudar a mi padre con estos proyectos me di cuenta que me gustaba mucho el mundillo.
No solo la parte de gestión de la promoción, sino ir a la obra y ver cómo avanzaba cada partida.
La excavación, la estructura, albañilería…
Desde que nos contaran esta situación en la empresa de ciencia de datos, estuve echando currículums y me llamaron unas cuantas empresas del sector IT.
Los puestos eran similares, con mejoras de salario y condiciones también flexibles y de teletrabajo.
Sin embargo, estar con mi padre, tras tanto tiempo sin apenas vernos (me fui a estudiar a otra ciudad y nunca volví a mi casa más que para fiestas, eventos y demás parafernalia familiar)...
No sé.
No me veía volviendo a repetir lo mismo. Trabajar para otra empresa de lo mismo y ganar experiencia.
Tira y repite.
¿No era esto lo que siempre quería evitar y lo que siempre parecía acabar haciendo?
La excusa era que siempre me decía a mi mismo:
No, estoy ganando experiencia y lo usaré como colchón para montar un día yo algo, y entonces…
Y entonces nada.
Sólo me estaba auto convenciendo para nunca actuar.
Porque dependía de un sueldo y el miedo es más fuerte que la ambición.
Mientras ayudaba a mi padre, ibamos juntos a los sitios y al acabar nos tomábamos una cerveza o un café antes de despedirnos.
Él no lo decía, porque es más orgulloso que yo, que ya es difícil.
Pero estaba muy contento de poder hablar conmigo de estos temas que para él son su vida y sentir que había alguien que podía continuar este negocio que empezó mi abuelo con sus ahorros, tras currar años de camarero en Inglaterra.
Si quieres conocer la historia de mi abuelo. Como todo empezó, tengo un post donde la cuento.
Debo matizar que somos una empresa familiar enana.
Son 3 personas.
Los tres son hermanos.
La filosofía de la empresa es simple:
Somos 4 gatos, literalmente, entonces no queremos cargarnos de personal y no queremos derivar trabajo que podamos hacer si podemos cobrar nosotros ese margen.
Mi padre y mi tío comenzaron como obreros en la obra, igual que mi abuelo.
Luego mi tío estudió arquitectura y mi padre transformó la constructora de mis abuelos en una promotora.
Por otro lado, la hermana de ambos, abogada, llevó siempre el tema fiscal, administrativo y económico.
Todo en familia. A pequeña escala. Sin pausa pero sin prisa.
Tras la crisis del 2008 donde el 90% de pequeños promotores se extinguieron en masa, ellos sobrevivieron haciendo chollitos y cosas relacionadas con lo suyo.
Los inicios …
Poco a poco y sin pretenderlo me fui metiendo más y más mientras ayudaba a mi viejo en sus gestiones.
Finalmente me di cuenta que estaba de facto trabajando en la empresa. Pero no como empleado, sino como alguien que presta un servicio a nivel de gestión, proyectos técnicos, dirección y demás.
Por ejemplo, como sabía programar y esas cosas de frikis, como decía mi padre. Monté las webs para captación de clientes que actualmente usamos.
Así fue, como sin comerlo ni beberlo acabé metido en este mundillo del ladrillo.
Me di de alta como autónomo (los seres más puteados de este hermoso país) y comencé a prestar mis servicios a la empresa y a otras del sector según iba ganando contactos.
Sin embargo estoy también metido en la gestión de forma directa al ser un asunto familiar.
Como ingeniero, puedo redactar todos los proyectos de instalaciones de la vivienda (fontanería, electricidad, calefacción…) menos las de telecomunicaciones.
Además también puedo ejercer en la figura del coordinador de seguridad y salud en nuestras propias obras.
Esto encaja perfectamente en nuestra propia filosofía como empresa:
Si podemos hacer y gestionar nosotros en vez de contratarlo a un tercero mejor que mejor.
Ahora, el sector parecía haberse purgado y más promociones volvían a surgir. (más difíciles y burocráticas que nunca)
El país necesitaba construir vivienda. Somos cerca de 50 millones (Yo crecí siendo 37 millones de toda la vida) y no hay casas para todos y los precios están en las nubes.
Y ahora…
Finalmente, aportando mi granito de arena, mis conocimientos técnicos y por qué no, lo que había aprendido de datos y programación, comenzamos a levantar varias viviendas.
En la actualidad, estamos simultáneamente haciendo unos chalets, un edificio de viviendas de 5 alturas y dos edificios de vivienda colectiva de 24 y 32 viviendas respectivamente.
Dos de ellos en Galicia y los otros dos en Canarias.
Paralelamente otros proyectos van surgiendo y tomando forma para dentro de unos años.
En este mundo los tiempos para dar licencias y finalizar una promoción entera dura varios años por lo que siempre hay que ir adelantándose en el tiempo.
¿Y si vuelves a lo anterior?
Ayer hablé con un compañero de cuando trabajaba con robots y queríamos traer Terminator a la vida real. (es broma).
Nos pusimos al día de nuestras respectivas vidas.
Tras contarle lo mismo que te he contado a tí, me preguntó extrañado:
¿Pero no tienes pensado volver, cambias entonces totalmente de sector?
Yo resoplé.
Buena pregunta le dije.
La vida da muchas vueltas y al final arrieros somos y en el camino nos encontraremos.
Sin embargo, nunca soy de cerrarme puertas a nada.
Así soy feliz. Y eso creo que es lo importante.
Siento que esto solo es el comienzo.
Y no sé tú, pero yo me muero de ganas de ver qué pasa a continuación.
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